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viernes, 29 de marzo de 2013

Euskaldunak



    Como termino de mi último viaje a Europa resolví recorrer el Sud de Francia y el Norte de España en ambas vertientes del Pirineo.
    Por admirables caminos que parecen haber presentido el automóvil e invitan a la excursión vagabunda, cuidados y regados como las sendas de un parque, bordados de plátanos, de encinas y de olmos seculares cuyas copas se unen formando una bóveda de verdura: corrimos veloces en un pequeño y admirable Fiat deteniéndonos de tiempo en tiempo en puntos favorables para gozar del hermoso paisaje o en excelentes posadas para descansar y reparar nuestras fuerzas. Siguiendo la falda de los Pirineos desde Bayona por Pau hasta Lourdes el viaje fue un perpetuo encanto. Era a comienzos de Julio, la primavera persistía, lluvias abundantes habían refrescado el ambiente, a ambos lados se extendía la campiña ondulada y fértil cultivada con amor y con arte, corrientes cristalinas descendían bulliciosas de la montaña, bosques destacándose en una atmosfera luminosa hacían brillar todos los matices del verde, jardines cuajados de flores, rosas y madreselvas trepaban los cercos y allá en el fondo, cerrando el horizonte, la inmensa y azulada mole de los Pirineos.
    De regreso a Biarritz pasamos a España, cruzamos el Bidasoa con rumbo a San Sebastian y recorrimos parte de la Nabarra, Gipuzkoa y Alaba de Pamplona a Victoria. El encanto persistía, estábamos en plena montaña y la sensación era tan deliciosa y más viril. No hay pedazo de tierra más hermoso en toda la que he recorrido que el país basko-francés-español, y ese pedazo de España no le cede a ningún otro en Europa, en belleza y cultura moderna. Es don de la naturaleza su belleza, pero son obra del hombre sus campos cultivados con esmero, sus carreteras admirables, algunas verdaderas obras de Varón, como la que costea el mar de San Sebastian a Bilbao; y las innumerables chimeneas cuyos negros penachos no alcanzan a empañar la diáfana claridad de la atmosfera, revelan un pueblo industrioso.
    Estudiando este pueblo original, todo lo que se ve o se descubre desconcierta, pues destruye prejuicios y hasta nociones que creíamos axiomáticas. Tenemos aquí el pueblo más antiguo de Europa, que haciendo espalda en el mar y abroquelado en sus montañas ha rechazado la invasión conquistadora o la penetración pacífica de todas las tribus venidas del Oriente, del Norte o del Sud que han transformado las razas tanto en España como en la Europa entera.  Un pequeño pueblo que así se aísla y se concentra dentro de si mismo podrá conservar la pureza de su sangre, pero a través de tantos siglos debería ya presentar signos de degeneración o debilitamiento, y nos encontramos por el contrario, con la raza más viril y vigorosa de la tierra. Su lucha continua por conservar su autonomía y sus fueros debería haberlo hecho huraño, retraído o desconfiado, y nos encontramos con el pueblo más atrayente, generoso y francamente hospitalario. En sentido inverso, nacido y criado en ese hermoso y risueño pedazo de tierra rica y fértil, el basko debería estar apegado a su suelo y ser de difícil desarraigo, y aparece sin embargo con una marcada tendencia a la aventura y a la emigración. Esta tendencia nace de la unión de un ánimo esforzado y decidido  servido por un cuerpo vigoroso y de la fecundidad de una raza sana que desborda los estrechos límites de la tierra natal.
    La influencia que han tenido los Euskaros en la formación de la Sociedad Argentina no ha sido aún debidamente apreciada, y cuando Basaldúa afirmaba que la alta sociedad porteña, por ejemplo, era esencialmente Baska, sus lectores se sonrieron sospechando que Basaldúa más que Basko era Gascón; y si embargo nada es más exacto  ni nada más fácil de probar y explicar.
    Paseándome con mi compañero por la rambla que contornea el hermoso balneario de San Sebastián, veíamos sobre el arenal de la playa, innumerables casillas de baño que llevaban pintado en grades letras el nombre de sus dueños. Desde el primer momento esos nombres llamaron nuestra atención y a medida que avanzábamos nuestra sorpresa crecía, y recién entonces me apercibí que Basaldúa tenía razón. Los apellidos que veíamos desfilar eran: Arana, Aguirre, Iturraspe, Irigiyen, Elortondo, Iraola, Anchorena, Urquiza, Alzaga, Iriondo, Larrazabal, Unzué, Atucha, Elizald, Elejalde, Ezeiza, Ezcurra, Gorostiaga, Casares, Uribelarrea,  Azcuenaga, Udaondo, Acébal, Arteaga, Artayeta, Olazabal, Iturriaga, Madariaga, Gerrico, Anasagasti,  y muchos otros: si parecía hecho de propósito, creíamos hallarnos en Mar del Plata, rodeados por toda la más distinguida sociedad porteña.
   Esta preponderancia de apellidos Baskos en nuestra primera Sociedad tiene su fácil explicación etnológica.
    En los primeros tiempos coloniales, llegaron al Río de La plata españoles de todas las regiones de España, y entre ellos forzosamente muchos Baskos y Nabarros a quienes tenía que seducir la aventura de descubrir nuevas tierras y poblar el nuevo mundo; y fueron Baskos los fundadores de Buenos Aires y Montevideo. Llegados aquí, mientras los españoles se distribuían en la planta urbana y se dedicaban al comercio, a las artes manuales o a la pequeña agricultura bajo el amparo de las fuerzas, los Euskaldunak, los hombres de brazo fuerte, salían a la campaña y la poblaban, luchaban con el desierto y con el indio gozando de todos los placeres de una vida viril que cuadraba a sus gustos e inclinaciones. Se hicieron ganadores, fueron adueñándose de la tierra, adquirieron grandes heredades y fundaron familias que han persistido y mantenido su rango, formando la aristocracia territorial porteña, porque eran los grandes propietarios y dueños de grandes fortunas que dan en todas partes posición social.
    Después de aquella inmigración Baska de los tiempos coloniales, cuya descendencia sobrevive hoy en nuestra mejor sociedad, hubo una segunda que se inició después de las guerras civiles en España y a la que se agregaron los Euskaros franceses, y esta segunda emigración reproduce y confirma la acción de la primera y va en camino de perpetuar su influencia y marcar su honda huella en nuestra sociedad futura, por los mismos medios y cualidades.
    El Basko es originariamente agricultor pero ingénitamente independiente, pues sintiéndose capaz de vencer su propio esfuerzo en la lucha de la vida le repugna toda dependencia, en lo que responde a la tradición de su raza. Valiente y fuerte prefiere los trabajos donde es necesario vigor físico, sin que lo arredre el peligro. Su honradez nativa, su resistencia a la fatiga, su carácter franco y dispuesto, le conquistan simpatías y preferencias, donde quiera que se presenta y si se somete al trabajo jornalero para el que tiene tan poderosas aptitudes, es sólo como primer esfuerzo para llegar a la acción independiente.
La influencia de la inmigración Baska en el desarrollo industrial argentino y como consecuencia de su gran prosperidad, ha quedado especialmente señalada en el desarrollo de la industria ganadera e industrias conexas.
    El vigor, la actividad y la energía que los Baskos dedican a cualquier trabajo, hace casi imposible toda competencia con ellos, y por esto se les ve monopolizar en breve tiempo cualquier industria secundaria a que se dediquen. Fueron los iniciadores y monopolizaron en un tiempo la industria de la leche, y el legendario lechero Basko era un tipo nacional. Fueron los primeros mantequeros y queseros, los primeros saladeristas y el primer frigorífico que ha ocasionado una transformación tan fecunda y tan vasta en toda la industria ganadera, fue debido a la iniciativa de un hijo de Basko, Sansinena, cuyo nombre queda definitivamente vinculado a tan valiosa industria.
    Hoy se les encuentra ocupando posiciones distinguidas en nuestro mundo industrial y comercial y el apellido Basko se distingue ya en las ciencias, las artes y las profesiones liberales.
     El pueblo argentino pasa por un momento crítico en su evolución étnica. Está en esa edad ingrata en que se agitan anhelos de virilidad a los que no responde el organismo aún no formado. No somos ya como nuestros antepasados, raza Española con todas sus grandes cualidades que les permitieron vencer a la España misma y realizar hazañas de Independencia, ni somos aún la raza argentina del porvenir con sus rasgos propios y definitivos. Estamos en plena elaboración y hierve en el crisol mezclado a la base colonial el enorme derrame de inmigración cosmopolita que sólo cuando se cristalice en el molde argentino revelará sus cualidades y forma definitiva.
    Esperamos que la misma marcada influencia que ha ejercido el vigor y la energía de Euskaro en nuestro progreso material y desarrollo de nuestras industrias rurales, la ejerza también su nativa altivez y espíritu independiente, su energía, su fuerza y honradez en la formación del carácter nacional, para que la sociedad argentina del porvenir, no revele ese abolengo sólo por los apellidos, sino y principalmente por las sólidas cualidades de ese pueblo noble, simpático y fuerte.
CARLOS PELLEGRINI.

El anterior artículo, autoría del ex Presidente de la Nación, Dr. Carlos Pellegrini, apareció en el año 1905 en el número especial que se editó en Buenos Aires en homenaje a la Euskal Echea.





Centro Basko - Zazpirak Bat 
General las Heras
Buenos Aires - Argentina




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